Arrival o el uso del “flash future”

En ‘Arrival’, del canadiense Denis Villeneuve (Quebec, 1967), la lingüista Louise Banks (Amy Adams) es reclutada, ante la llegada de 12 naves espaciales extraterrestres a nuestro planeta, junto con el físico Ian Donnelly (Jeremy Renner), por el coronel Weber (Forest Steven Whitaker) para establecer comunicación con los alienígenas, ella a través del lenguaje, él a través de la ciencia.

Basada en la novela “Story of Your Life” del escritor estadounidense Ted Chiang, el film de Villeneuve (Prisoners de 2013; Sicario de 2015) plantea cómo la lingüista Banks, en un campamento militar estadounidense en Montana cerca de una de las naves espaciales, logra comunicarse con los alienígenas Abbott y Costello, bautizados así por el físico Donnelly.

Film de ciencia ficción, ‘Arrival’, nominada al Oscar como mejor película, utiliza una narrativa que, en apariencia, echa mano del recurso del ‘flash back’: Louise con su hija recién nacida, Louise con su hija niña y Louise con su hija adolescente que muere de una enfermedad terminal. Sin embargo, no son ‘flash backs’, sino -así he bautizado este recurso- ‘flash future’, es decir, no son recuerdos sino momentos del futuro. Conforme la trama de la película avanza, Louise va comprendiendo, junto con el espectador, a través de está forma narrativa los temas principales de la película: el lenguaje y el tiempo.

Tras filmar ‘Arrival’, Villeneuve, nominado como mejor director por la academia de Hollywood, ha sido reconocido para filmar la secuela del clásico de ciencia ficción, filmada en 1982 por el mítico Ridley Scott: ‘Blade Runner 2049’; y, asimismo, realizará una nueva versión del clásico de Frank Herbert que también rodó David Lynch en 1984: ‘Duna’.

“Si te sumerges en un idioma extranjero realmente puedes volver a conectar tu cerebro”, dice Ian Donnelly a Louise, quien le replica: “es una hipótesis, es una teoría que el idioma determina cómo piensas”. El film, con un juego narrativo interesante, semejante al de ‘Memento’ (Christopher Nolan, 2000), pero ejecutado de manera sutil, destaca la importancia del lenguaje escrito, no sólo para comunicarse, sino, sobre todo, para entender a los otros, a los diferentes, a los que son vistos no sólo como forasteros, sino incluso como forajidos.

“La la land”, idealismo en épocas de cinismo

En <<La la land>> (Estados Unidos, 2016), de Damien Chazelle (Guy and Madeline on a Park Bench, 2009; Whiplash, 2014), Mia (Emma Stone), una barista que trabaja en una cafetería dentro de unos estudios de cine, con el sueño de convertirse en actriz y dramaturga, conoce a Sebastian (Ryan Gosling), un pianista apasionado del jazz “puro”, que sueña en abrir su propio bar para preservar su género musical preferido, en una ciudad de Los Ángeles fotografiada, casi todo el film, en un largo atardecer en azules intensos. Aunque enamorados, ella tiene que enfrentar la frustración de ser rechazada, desde hace seis años, en las audiciones en las que participa y él, de la misma manera, tiene que elegir entre tocar en una banda popular de jazz o buscar su sueño.

Como en los filmes de la época de oro de los musicales de Hollywood de los años 30´s, en plena Gran Depresión cuando se popularizó el musical como género alejado del drama, la película de Chazelle, nominada a 14 Premios Oscar de la Academia, es una comedia romántica de acciones que evolucionan por medio de canciones y danzas, que comentan emociones y situaciones, o, incluso, solucionan problemas; como en <>, filmada en 1935 por Mark Sandrich y protagonizada por Fred Astaire y Ginger Rogers, en la cual están presentes el romanticismo trivial, ambiente chic y mundano, al margen de conflictos sociales.

En la época actual, dominada por la incertidumbre planteada por el odio y el cinismo en el que todo puede negociarse y todo tiene un precio, <> es una historia sobre el idealismo de querer buscar hacer realidad los sueños, enmarcada por una música y unos diálogos entrañables. And here´s to the fools who dreams / Crazy, as they may seem… (Eduardo Ortega)