Elipsógrafo

Anuncian primera Feria Internacional del Libro Universitario

La cultura priista

Por José María Dregler

La cultura de la trampa, del atajo, del camino más corto, la cultura del menor esfuerzo.

Desde mi muy particular punto de vista, ésa es la cultura que está internalizada en la estructura mental del presidente de la República, a quien no sólo se le ha comprobado que obtuvo una casa millonaria de manos de un contratista de su gobierno, sino, además, se le ha documentado que plagió su tesis de licenciatura.

Y, para muestra, un botón.

El pasado 20 de julio de 2017, el político nacido en Atlacomulco, justo el día de su cumpleaños, tenía en su agenda un viaje a Toluca, donde grabaría, sin prensa, un spot de cara a su Quinto Informe de Gobierno.

No obstante, de última hora, él y su equipo decidieron que reinauguraría, mejor, el estadio del Club Toluca, el cual fue remodelado y estrenado desde principios de año; el viaje lo haría, acompañado de la prensa, para celebrar su cumpleaños número 51.

Además de agradecer a Dios por rebasar el medio siglo y de encomendarse a la Diosa Fortuna para lo que resta de su administración, el político mexiquense convivió con la directiva y jugadores del equipo de futbol Toluca.

Allí, el mandatario tiró un penal. El guardameta de los Diablos, Alfredo Talavera, fue el encargado de atajar el disparo del inquilino de Los Pinos.

–Vamos a acordarlo, ¿qué te parece? Tú te tiras a la derecha y yo lo tiro por acá (a la izquierda) -solicitó el Jefe del Estado Mexicano al cancerbero.

–Sí me voy a lanzar, ¡eh! -advirtió Talavera, quien también es uno de los porteros de la Selección Nacional de Futbol.

–¿Sí? Va -atajó el de Atlacomulco, quien portaba una chamarra del Toluca.

Peña Nieto ni siquiera pudo mandar el esférico a la izquierda. Lo pateó al centro. El portero de los Diablos Rojos, plantado en el centro, casi detuvo el tiro, porque dejó que se fuera a su izquierda. El balón terminó en el fondo de la red.

–Buen acuerdo -gritó entusiasmado el de Atlacomulco mientras extendió el dedo índice señalando al guardameta-. Fue un acuerdo, me ayudó a meterla -añadió después.

Quizá, parafraseando el título de la célebre novela de Peter Handke, Talavera sintió el miedo del portero ante el penalti, cuando vio al Ejecutivo atrás del manchón penal, rodeado de elementos del Estado Mayor Presidencial y directivos del Club Toluca, sus patrones, encabezados por Valentín Díez Morodo.

Esta escena, que puede ser catalogada como anecdótica, pinta de cuerpo entero la estructura mental del mandatario.

¿Por qué no buscar tirar el penal, sin ningún acuerdo, y, de forma honesta, mandarla, simplemente, al fondo de la red?

Es, como se planteó al inicio de este texto, la cultura de la trampa, del atajo, del camino más corto, la cultura del menor esfuerzo.

Es la confirmación de por qué el de Atlacomulco piensa que la corrupción es cultural. Y, creo advertir, que tiene razón: la corrupción es un problema cultural, porque, lamentablemente, es la cultura que pernea, de forma generalizada, en la sociedad mexicana. Es la cultura, le llamo yo, priista, porque el Revolucionario Institucional es más que un partido político, es una cultura.

'Life is a festival of disruption'

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