El tridimensional George Simenon

La impronta del escritor belga, Georges Simenon, forma parte ya de la historia universal de la literatura. Criticado y puesto entre dicho como autor, pero admirado por autores de la talla de Arthur Miller o André Gide, su más ferviente admirador, el creador del Comisario Maigret pergeñó desde su máquina de escribir un universo humano en el que los personajes que lo habitan son una paleta de todos los sentimientos, todas las pasiones del ser humano, lo que enaltece y lo que hace ruin, pero que, sin embargo, son propios de los hombres. Así, sus obras tienen en el fondo un retrato de la lucha del hombre contra sí mismo, contra el otro, contra la naturaleza.

Los resortes humanos son los que crean las situaciones que captan la atención del lector, y también les dan solución. Se trata de un autor prolífico: escribió más de medio millar de textos, entre novelas, cuentos y relatos breves para revistas. Su obra ha sido traducida a más de medio centenar de idiomas y sus ventas suman cientos de miles de ejemplares en todo el mundo, donde se le identifica más que nada por su personaje, el Comisario Maigret, que aparece en casi 80 de sus trabajos.

Tan es ya un clásico de la novela policiaca, que las aventuras del investigador han sido llevadas a la pantalla grande o chica al menos unas seis decenas de veces. Se trata de un personaje que tiene poco en común con otros de su estirpe, incluso puede ser el contrario de otros, como Sherlock Holmes, Sam Spade o Philip Marlowe; él es discreto, taciturno, reflexivo, más interesado por la naturaleza humana.

A lo largo de su trayectoria utilizó alrededor de dos decenas de pseudónimos, entre ellos Georges Sim, Christian Brulls, Jean du Perry, Georges d’Isly, Georges Martin, Luc Dorsan, Gom Gut, Kim, Maurice Pertuis, y Germain d’Antibes, por mencionar algunos, y una de sus características principales como narrador es que cultivó con maestría la descripción de los rasgos físicos de sus personajes, de los escenarios, de los momentos, pero sobre todo su alma humana, no por nada en su biblioteca personal era fuerte su colección de libros de autores como Guy de Maupassant, Honoré de Balzac, Joseph Conrad, Nicolai Gogol o Fiodor Dostoievski. El mismo Simenon confesó en alguna ocasión que en la base de su literatura estaban los clásicos griegos, las tragedias.

Su pluma tuvo un fuerte entrenamiento en sus primeros trabajos, cuentos y relatos breves para revistas. Con estos elementos, en su escritura es la dimensión del ser humano la que le dar un giro en ese sentido a la novela negra o policiaca. Todo es producto de las pasiones, de la mente de las personas, de esa forma se entiende el arrepentimiento de los criminales. Cabe recordar que en una de sus primeras obras el autor lo dice en voz de Maigret: el criminal es la primera víctima del crimen, en su conciencia, la cual al final lo lleva a hacer su confesión y sacar a esa figura oscura, fantasmal, de su cabeza.

Sin duda, lo humano de sus obras es lo que hace que sus miles de lectores se identifiquen con sus personajes, principalmente con el comisario, a quien lo que más interesa es descubrir quién cometió el delito y por qué, qué hilos humanos se movieron, más que las pruebas que le den la pista para dar con él. Su actuar es más bien intuitivo, su instinto de sabueso de fino olfato le permite encontrar a la persona que es la culpable de lo que investiga.

A pesar del número de sus obras, de que en su totalidad se pueda encontrar al ser humano en su total dimensión, Simenon ha sido autor poco reconocido en el mundo de la literatura, a pesar de los escritores que reconocieron su calidad, como los ya mencionados. Una de las causas puede ser el éxito de sus trabajos literarios, la cantidad de los mismos, pues lo común es pensar que a mayor cantidad menor calidad. Él mismo no se engolaba con sus logros, a menudo decía que era una persona normal, pero lo cierto es que muchos reconocen en Simenon al escritor puro, quien ha dedicado su vida a sentarse frente a una máquina de escribir o una computadora y no cesar hasta escribir la última palabra.

TRAS SU PISTA

Georges Joseph Christian Simenon, su nombre completo, nació el viernes 13 de febrero de 1903 en Lieja, Bélgica, aunque su madre hizo que el registro quedara en el día 12, para evitar la superstición. Su padre era un trabajador de una compañía de seguros y su madre una ama de casa de un carácter fuerte y controlador, con la que llegó a tener problemas, como se puede ver en su texto Carta a mi madre. En cambio, fue más cercano a su progenitor, quien perdió su empleo por una enfermedad durante la adolescencia de Georges, lo que llevo a éste a emplearse en varios oficios para ayudar al sustento de la casa. Tuvo un hermano menor, Christian, quien era el favorito de mamá.

Aprendió a leer a los tres años de edad y sus estudios hasta los 15 años los realizó en la Escuela Sainte Julienne de las Hermanas de Notre Dame y en el Instituto de Primaria de San Andrés. Antes de cumplir los 10 años se introdujo en el mundo de escritores como Balzac, Stendhal, Zola, Chejov, Pushkin, Dostoievski, Gogol, Dickens, Hemingway y Melville. A los 16 años obtuvo un empleo como reportero en el diario de su ciudad Gazette de Lieja, lo que le sirvió para afinar su pluma, conocer las áreas difíciles de la ciudad y a diversos personajes que le servirían para alimentar su literatura.

Tenía 19 años cuando llegó a París con la idea de dedicarse a escribir, acababa de morir su padre y buscó trabajo como periodista y se unió al grupo bohemio La Caque, en el que vivió en exceso el alcohol, el sexo y hasta el suicidio de uno de sus miembros. Por esa época se hizo amante de la cantante y bailarina Josephine Baker. Entre 1924 y 1931 escribió varias decenas de novelitas románticas, de aventuras y crímenes para su venta en los puestos de periódicos, lo que le permitió dedicarse por completo a escribir publicando bajo varios pseudónimos.

En 1923 se casó por primera vez, con Regine Renchon, quien le dio a su primero hijo, Marc, y se empleó como secretario particular del marqués Raymond D´ Estutt de Tracy al mismo tiempo que siguió escribiendo. Por estos años conoció a la escritora y editora Colette, quien se empeñó en que Simenon mejorara su técnica narrativa para que formara su propio estilo, lo que hizo, y en 1931 publicó el primer libro con su verdadero nombre, Pietr el letón, novela en la que aparece por primera vez el Comisario Maigret. En 1929 realiza un recorrido por territorio francés, que tres años después se extiende a África, Europa del Este, la Unión Soviética y Turquía.

Durante la Segunda Guerra Mundial vivió sin problemas en la Francia ocupada, lo que generó sospechas de haber colaborado con los nazis, aunque también apareció en las listas de la resistencia, por lo que al finalizar la conflagración se traslada a vivir a Estados Unidos, donde estuvo 10 años y se casó por segunda vez, con la canadiense Denyse Ouimet, con la que tuvo a sus hijos John, Pierre y Marie-Jo, quien se suicidaría a los 25 años de edad.

En 1955 regresó a vivir a Europa, primero en Francia y luego en Suiza. Continuó escribiendo hasta que decidió dejar de hacerlo, en 1972, cuando entonces empezó a dictar-grabar sus Memorias íntimas (1981). Poco después de los 65 años de edad se le detectó un tumor cerebral que resulto benigno, pero entonces no se realizaban ese tipo de operaciones convivió con él durante 15 años, hasta que a los 83 años de edad se lo extirparon. La pipa de Georges Simenon se apagó el 4 de septiembre de 1989, en la ciudad de Lausana.

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