Terry Gilliam, una imaginación libertadora

Un autor capaz de ir desde lo sombrío hasta lo más luminoso, creador de una obra que busca expandir la conscinencia a través del humor, la creatividad e incluso un toque de locura.

Encontrar una voz propia no es algo fácil de lograr para un director. Mantenerse vigente a pesar del paso del tiempo tampoco es nada sencillo, y sin embargo Terry Gilliam ha sido capaz de conseguirlo. Su estilo nos enfrenta con una visión muy peculiar del mundo, combinando comedia, fantasía, ciencia ficción, aventura y drama en una obra inimitable que suele ser hermosamente bizarra.

A lo largo de su notable filmografía, el también guionista, productor, animador, dibujante y actor ha explorado en diversas formas el tema de la imaginación y su importancia para la vida, promoviendo también la necesaria rebeldía ante el autoritarismo y colocando a sus personajes en tramas con cierto tono oscuro en las que los finales sorpresivos se han convertido en otro de sus aspectos reconocibles.

Nacido el 22 de noviembre de 1940 en Minneapolis, Minnesota, Terence Vance Gilliam pasó su infancia en una comunidad rural cuyos alrededores naturales funcionaron para que desarrollara su imaginación desde temprana edad. Su curiosidad artística y su necesidad de expresarse comenzaron a notarse con los dibujos que hacía siendo un niño al que ya le gustaba hacer reír a los demás. A los doce años se mudó con su familia a Los Ángeles y ahí se volvió fan de la revista MAD, publicación que le cambió la manera de ver el mundo y quizá despertó en él ese humor tan característico.

Gilliam se graduó de la licenciatura en Ciencias Políticas en el Occidental College de Los Ángeles en 1962. Mientras estaba en la universidad estuvo a cargo de la revista universitaria Fang, en la cual copió la sátira y el humor que caracterizaban a la revista neoyorquina Help!. Tras graduarse, viajó a Nueva York con la intención de conseguir un trabajo en el que pudiera seguir publicando. Así, consiguió su trabajo soñado al ser contratado en Help!, donde comenzó su carrera como dibujante.

En medio de la agitación política que se vivía en Estados Unidos durante los años 60, el futuro cineasta decidió mudarse a Inglaterra, donde consiguió trabajo como animador en un programa de televisión infantil. Esta decisión le cambiaría la vida para siempre, ya que ahí conoció a Terry Jones, Eric Idle y Michael Palin, tres de sus futuros cinco compañeros en Monty Python —el icónico grupo humorístico que encontró la forma de sintetizar el surrealismo más abrasivo con dosis de idiosincracia inglesa y una buena porción de absurdo.

Tras el estreno del programa Monty Python’s Flying Circusen 1969, sus creadores se convirtieron en los comediantes más creativos y populares del momento. A lo largo de cuatro temporadas hicieron todo lo que quisieron con el formato televisivo, creando un estilo juguetón y libérrimo que quizá no ha sido superado. Desués llegaron también a la pantalla grande con And Now for Something Completely Different (1971), Monty Python and the Holy Grail(1975), Monty Python’s Life of Brian(1979) y Monty Python’s The Meaning of Life(1983) —años más tarde también adaptaron sus sketches para el teatro.

Como miembro del grupo, Terry Gilliam era el responsable de los alucinantes segmentos animados, escribió algunos de los guiones y actuaba ocasionalmente. En las obras de teatro y las películas desempeñó varios roles, siendo guionista y también director en Monty Python and the Holy Grail (1975), su primer largometraje.

Poseedor de una mente sumamente inquieta y deseoso de contar sus propias historias, Gilliam presentó en 1977 la primera cinta sin sus compañeros: Jabberwocky, una fantasía inspirada en el poema homónimo de Lewis Carroll. Con ella comenzaba a ser más claro el rumbo que el realizador tomaría en sus siguientes proyectos. Esa primera película de Gilliam en solitario recibió respuestas mixtas tanto de la crítica como del público, pero era evidente que había algo en ella que valía la pena.

Después, con Time Bandits(1981) iniciaría la llamada “Trilogía de la imaginación”, centrada en la lucha por defender la imaginación y la libertad de pensamiento. La historia sobre un niño que viaja a través del tiempo con un grupo de enanos revoltosos se convirtió en el primer gran filme de Gilliam y lo posicionó como un autor digno de seguimiento. La segunda entrega de la trilogía estaría más inclinada hacia la ciencia ficción pero sin dejar de respetar el estilo ya mostrado tanto en lo narrativo como en lo visual.Brazil(1985), una fantasía distópica y retro-futurista con toques de Orwell y Kafka, le valió dos premios BAFTA y dos nominaciones al Oscar, incluyendo la categoría de Mejor Guión Original. La culminación de la trilogía llegaría con la maravillosa aventura de fantasía The Adventures of Baron Munchausen (1988), cuya estética significó un parteaguas para el cine fantástico a finales de los 80.

Con The Fisher King (1991), el cineasta británico entregó una efectiva mezcla de comedia con drama en un relato sobre la amistad, el amor y seguir adelante sin importar las tragedias que se presenten. La cinta le consiguió un Oscar como Mejor Actriz de Reparto a Mercedes Ruehl y sobresalió en otras premiaciones como el BAFTA, los Golden Globes y los Saturn Awards, así como en los festivales de Venecia y Toronto.

En 12 Monkeys(1995) somos transportados a un futuro desolador que parece tener remedio a través de los viajes en el tiempo. La trama es muy ingeniosa: un estudio de la naturaleza subjetiva de los recuerdos, así como una celebración de la locura que incluye a dos de los mejores personajes de la ciencia ficción en los noventa —el rudo y a la vez vulnerable James Cole de Bruce Willis y el trastornado Jeffrey Goines, interpretado por un Brad Pitt notable que sería nominado al Oscar por este trabajo.

Adaptando la novela homónima de Hunter S. Thompson en la oscura comedia Fear and Loathing in Las Vegas (1998), Gilliam nos llevó por un psicodélico malviaje de drogas que le voló la cabeza a una generación entera, otorgándole un estatus de culto a las desventuras de dos extraños personajes que viajan a toda velocidad hacia el centro del alma decadente de los Estados Unidos.

Con una propuesta visual impresionante y tomando elementos de los cuentos de hadas clásicos, Gilliam regresó a la fantasía con The Brothers Grimm (2005), e inmediatamente después entregó su obra más fuerte en contenido, la poética y perturbadora Tideland (2005). En The Imaginarium of Doctor Parnassus(2009), el director hace una interesante reflexión sobre las verdaderas consecuencias de las decisiones que tomamos. Con cierta influencia de las leyendas fáusticas, esta cinta también funciona como una celebración de su protagonista, Heath Ledger, quien falleció sin alcanzar a terminarla.

Después del estreno de The Zero Theorem, que nos enfrentó con otra historia de ciencia ficción ingeniosa y visualmente llamativa, Terry Gilliam por fin pudo presentar su proyecto de ensueño en el Festival de Cannes 2018: The Man Who Killed Don Quixote.Gilliam había comenzado a trabajar en esta cinta desde 1989 y tuvo que superar toda clase de obstáculos para darle vida. The Man Who Killed Don Quixotees un verdadero ejemplo de tenacidad y lucha infatigable por expresarse en el arte cueste lo que cueste.

Un defensor de la imaginación con sentido aventurero, creador de realidades paralelas y de mundos fantásticos en los que todo es posible, un visionario contador de historias y un rebelde que sabe usar la comedia como arma de expresión masiva: ése es Terry Gilliam. Sus personajes, en muchos casos, son capaces de superar la fragilidad para poner a su favor aquello que evidentemente está en su contra y así vivir en sus términos las aventuras que se presenten.

“Hay un lado de mí que siempre se enamora de las cosas maniacas, frenéticas y caricaturescas. Siempre me han gustado los espectáculos extraños”. Ésta es una frase con la que el director explica su peculiar visión del mundo y con la que podemos tener un atisbo de la concepción detrás de sus historias.

El Festival Internacional de Cine Guanajuato se orgullece en presentar en su edición XXII un más que merecido homenaje a Terry Gilliam, un verdadero libertador de las almas y uno de los soldados más incansables del cine, quien con su obra nos ha otorgado un espacio de comunión con las capacidades más altas del espíritu, los sueños y el lado.

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