Tom Wolfe, el cronista de las costumbres estadounidenses

Inventor del “nuevo periodismo” que se adentró tardíamente en la novela con el éxito de ventas “La hoguera de las vanidades”, el escritor Tom Wolfe radiografió a la sociedad estadounidense con una pluma innovadora y colorida.

Su agente Lynn Nesbit dijo que Wolfe falleció tras ser hospitalizado en Nueva York a raíz de una infección.

“Estamos increíblemente apenados de enterarnos de la muerte de Tom Wolfe. Era uno de los grandes y sus palabras vivirán para siempre”, indicó su editorial, Picador, parte de Macmillan Publishers.

Desde la década de 1960, el delgado escritor de rostro eternamente juvenil innovó al utilizar técnicas de la novela en sus ensayos y artículos periodísticos, y se convirtió en el padre del movimiento conocido como “Nuevo periodismo”.

Wolfe, considerado un prestidigitador en el uso del lenguaje, escribió innumerables artículos y ensayos para diarios como The Washington Post o el New York Herald Tribune y revistas como Esquire y Harper’s en los cuales brilló por sus coloridas crónicas sobre la sociedad estadounidense.

Sus ensayos bucearon en el movimiento hippie, el mundo del arte, las tensiones raciales, la codicia de Wall Street o la cultura pop.

Su libro de ensayos “El coqueto aerodinámico rocanrol color caramelo de ron” (“The Kandy-Kolored Tangerine-Flake Streamline Baby”, 1965), un clásico de la literatura de no ficción estadounidense, fue un éxito de ventas y lo ubicó junto a otras figuras del “Nuevo periodismo” como Hunter S. Thompson, Gay Talese, Norman Mailer y Truman Capote. Pronto se convertiría en su referente central.

En vez de mantener la distancia respecto a sus temas, los practicantes del “Nuevo periodismo” muchas veces adoptaban estilos y perspectivas no convencionales. En el caso de Wolfe, esto incluyó un uso liberal de las onomatopeyas y los signos de exclamación, por lo cual también era criticado.

El periodista dandy

Dandy educado y ultrachic con sus trajes blancos o crema, cuellos almidonados, sombrero fedora y polainas, estuvo casado desde 1978 con Sheila Berger, la directora artística de la revista Harper’s, y era padre de dos hijos.

Thomas Kennerly Wolfe Jr nació el 2 de marzo de 1930 en Richmond, Virginia. Aceptado en la prestigiosa Universidad de Princeton, eligió no obstante asistir a la Universidad Washington & Lee para permanecer cerca de sus padres, antes de partir a Yale, siguiendo el consejo de sus profesores.

Comenzó en el periodismo en Springfield Union, un periódico de Massachusetts, en 1956. Dos años más tarde, se unió a The Washington Post como corresponsal en La Habana, y luego en la capital estadounidense.

En 1962, renunció y se mudó a Nueva York para ser periodista freelance. Fue enviado a California por la revista Esquire para hacer un reportaje sobre los fanáticos de los automóviles que rehacen sus coches.

Entusiasmado por el tema, sufrió el “síndrome de la página en blanco” cuando debía escribir su nota. El jefe de redacción de Esquire le pidió entonces que describiese en una carta lo que vio para utilizar la materia prima.

Liberado de su angustia, escribió 49 páginas… y encontró su estilo. Bajo su pluma, el reportaje acabó convirtiéndose en una novela corta, “El coqueto aerodinámico rocanrol color caramelo de ron”.

Un investigador meticuloso

Más allá del estilo, su trabajo se apoyó siempre en una meticulosa investigación y horas de entrevistas.

Para “Elegidos para la gloria” (The right stuff), traducido también como “Lo que hay que tener” (1979), su ensayo sobre los siete pioneros de la conquista espacial, pasó nueve años recorriendo Estados Unidos.

Entre los que rindieron homenaje a Wolfe el martes estuvo Scott Kelly, a quien ese libro convenció de tornarse un astronauta. Wolfe “cambió mi vida, y estoy agradecido de que pude darles las gracias por el sueño salvajemente irrealista que me dio cuando era un chico de 18 años”, tuiteó Kelly. “Él era #loquehayquetener”.

Un filme basado en el libro se tornó un éxito de Hollywood. Con Sam Shepard y Ed Harris como protagonistas, hizo saltar a la fama al piloto de la Fuerza Aérea Chuck Yeager, el primer hombre en romper la barrera del sonido.

Cuando a los 57 años Wolfe decidió lanzarse a la ficción, conservó intactos sus métodos de investigación.

Su primera novela, “La hoguera de las vanidades” (1987), es un retrato hiperrealista y mordaz de la Nueva York de los ’80: el protagonista, un joven y codicioso banquero de Wall Street que parece tener todo, atropella con su lujoso coche a un afroestadounidense en el Bronx, se escapa y su mundo comienza a derrumbarse.

La novela se tornó en un éxito de ventas mundial. Solo los derechos de adaptación al cine le reportaron cinco millones de dólares, y fue llevada a la pantalla grande con Tom Hanks como protagonista.

Tensiones raciales en el sur (“Todo un hombre”, 1998), la vacuidad del sistema universitario (“Soy Charlotte Simmons”, 2004), inmigración (“Bloody Miami”, 2013): el cronista de las costumbres estadounidenses se sirvió de todo como materia prima.

En 2016, a sus 85 años, mostraba que no había perdido rapidez mental con una nueva obra, “El reino del lenguaje”, un ensayo que celebra la importancia del lenguaje en las realizaciones humanas. (AFP)

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