“No tengo más que decir”: Béla Tarre

Tras 34 años dedicados a la creación cinematográfica, el realizador húngaro Béla Tarr decidió dejar atrás el set de filmación para no repetirse y abrió un centro de estudios en Sarajevo, pero por cuestiones económicas tuvo que cerrar y ahora formaliza su cambio de sede a Ámsterdam, Holanda.

En el marco de la 15 edición del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), Tarr, considerado por la crítica como uno de los cinco cineastas vivos más importantes en el mundo, compartió que la decisión de cerrar el centro de estudios no estuvo en sus manos.

“Era un instituto privado y el programa era holgado. Era un programa caro, un gasto demasiado caro, así que la universidad nos dijo: ‘Adiós’, y ahora estamos tratando de reabrir en Ámsterdam”.

El concepto del centro de formación, afirmó, era muy simple, es decir, algunos jóvenes principiantes estaban trabajando con otros cineastas más experimentados, no para copiar su estilo o tratar de imitarlos, sino buscando su propia voz.

El director de “El hombre de Londres”, que es hasta ahora la última película que ha dirigido y que estrenó en 2007, detalló que su programa académico del doctorado Film Factory, en la Sarajevo Film Academy, recibió 180 solicitudes y muchos DVD que tuvo que ver para finalmente elegir.

“Eran solicitudes de Estados Unidos, Japón, China, Corea, Singapur, Colombia, Brasil, México e India, de todo el planeta”, evocó con gran emoción.

Convencido de que aprender a hacer cine no es tomar clases en aula, sino trabajar, hablar y filmar, Tarr implementó un programa muy práctico en el que le pedía a las futuras promesas hacer películas y encontrarse a sí mismos.

“Yo nunca los empujé a que siguieran mi estilo. De hecho, ellos tenían que encontrar su propio estilo, lenguaje, y eso ocurrió. Me siento muy orgulloso”, manifestó el productor de la cinta mexicana “3 mujeres o despertando de mi sueño bosnio”, de Sergio Flores Thorija.

“(El doctorado) era como una familia. Había gente que es amiga mía, que iba a trabajar con ellos, como Carlos Reygadas, que fue dos veces, o Gael García Bernal, entre otros. Fue una experiencia muy buena, porque hicimos muchas cosas, no era una escuela, no había exámenes, sólo tenían que hacer cine”, recordó Tarr.

Su salto a la dirección cinematográfica lo hizo en 2007, porque afirmó, “ya había dicho lo que quería decir. Después de 34 años de hacer cine tengo el sentir de que se cerró el ciclo, hice lo que quise, desarrollé mi lenguaje, estilo y no quiero repetirlo, no quiero empezar a dar copias baratas”.

Aunque sabe que tiene la fortuna de levantar el teléfono y conseguir recursos para filmar una película, el realizador señaló: “Yo no quiero defraudar o engañar a los espectadores. No voy a hacer copias, mi última película habla del final de la vida y creo que ya no tengo más que decir”.

Al menos no como director de cine, pero sí en otras áreas del Séptimo Arte, y es que sabe que una mente creativa nunca deja de crear.

“Recientemente hice una gran exposición en Ámsterdam y ahorita tengo una idea, pero no es una película, uno es adicto a la creatividad, uno necesita todo el tiempo esa droga”, concluyó el afamado cineasta, quien preside el jurado de la selección de Largometraje Mexicano en la 15 edición del FICM.

En esta su segunda visita al encuentro fílmico michoacano recibió la Medalla Filmoteca de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), por su destacada contribución a la cinematografía mundial. (NTX)

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