Reseña: “Kingsman: The Golden Circle” padece de secuelitis

Por MARK KENNEDY

En la primera película sobre un grupo de espías secretos conocido como Kingsman, aprendimos que van bien vestidos y arreglados. En la segunda película hay un toque diferente, un poco más desesperado.

“Kingsman: The Golden Circle” llega tres años después de la primera entrega de la serie dirigida por Matthew Vaughn pero prepara mal el terreno para la tercera película. La nueva cinta es una historia demasiado larga y elaborada y carece de la emoción de su predecesora. Ni siquiera un raro cameo de Elton John, con todo y sus plumas y joyas, puede salvarla.

Por si alguien necesita un recordatorio, las películas de Kingsman están basadas en una serie de comics de Mark Millar y Dave Gibbons sobre un grupo de élite de espías británicos que combina su amor por los trajes hechos a la medida con la letalidad de James Bond. Se divierten en una sastrería de Saville Row, toman té, pueden usar dispositivos como los del agente 007 y salvar el mundo en secreto.

La primera entrega presentó a Eggsy (Taron Egerton), un chico de clase trabajadora y potencial recluta que es defendido por el líder de los Kingsman, Colin Firth, pese a su rudeza y su mala educación. Demostró su entereza al frustrar un plan diabólico ideado por un millonario empresario del internet interpretado por Samuel L. Jackson.

El encanto de la primera película yacía en que hacía homenaje a las películas de espías al tiempo que se burlaba de ellas. Tenía un extraño sentido del humor autoconsciente, además de secuencias de acción absolutamente sorprendentes: cámaras que daban giros de 360 grados, atractivas tomas en cámara lenta y coreografías de combate acrobáticas. El humor se desgastó en la segunda, incluso pese a la espectacular cinematografía. La música es muy buena también, desde “Let’s Go Crazy” de Prince a “Take Me Home, Country Roads” de John Denver como un emocionante himno.

En la secuela, la sede de los Kingsman está bajo ataque y los sobrevivientes se ven obligados a escapar con sus lejanos primos estadounidenses, Statesman, una agencia de espionaje similar escondida en una destiladora de whisky en Kentucky. Firth está de regreso y se le extraña mucho como líder de los Kingsman. El problema es que lo vimos morir en la primera película y el que resucite en la segunda no es convincente.

El fuerte Egerton y el excelente Mark Strong regresan como Kingsmen, mientras que Julianne Moore asume el papel de villana como una narcotraficante a la que le encantan las cenas a la antigua. Demuestra ser deliciosamente exagerada en su ferocidad controlada. Si te cruzas con ella terminarás en una moledora de carne y ¡podría comerte en una hamburguesa!

Del lado de los yanquis, Channing Tatum se suma como un atractivo visual, pero no está en la mayor parte de la película. Halle Berry, en tanto, luce tan apagada que parece estar en otro proyecto por completo, uno silencioso e introspectivo.

Puede que Jeff Bridges, como líder del equipo estadounidense, haya firmado contrato tan solo por el whisky. Pedro Pascal, con sombrero de vaquero y bigote, interpreta su papel de espía misógino como si fuera un miembro de “Anchorman”. Y ya que hablamos del elenco, ¿por qué hay tantos perros en la película? DEMASIADOS perros: cachorros, perros viejos, de peluche e incluso robóticos.

Si para la primera cinta logró su encanto al demostrar que la crianza no determina la gallardía, a la segunda película le falta esa premisa. La división de estilos entre espías estadounidenses y británicos es rápidamente abandonada y por momentos un duro debate sobre la guerra contra las drogas lleva el filme en una dirección más oscura.

Elton John le da la necesitada dosis de ligereza como un rehén obligado a entretener a sus captores, quienes usan unos feroces perros robot llamados Bennie y Jet. Su canción “Saturday Night’s Alright (For Fighting)” se usa a la perfección durante una agradable secuencia de pelea.

Pero en general esta secuela sufre de secuelitis, una película de gran presupuesto que va de las montañas italianas a la jungla camboyana pero sin la chispa de su predecesora. Los mejores momentos son cuando rinde homenaje a la primera película. Los peores cuando se toma demasiado en serio a sí misma y cae en la trampa de las cintas de espías a las que trata de parodiar.

Pero para ser honestos, al tratarse de una película que se basa en el proverbio que dice que “los modales hacen al hombre”, pero podemos decir: “Mala suerte, viejos trucos. Mejor suerte para la próxima”.

“Kingsman: The Golden Circle” de Twentieth Century Fox tiene una clasificación R en Estados Unidos, que requiere que los menores de 17 años vayan acompañados de un adulto, por su lenguaje y escenas violentas. The Associated Press le otorga dos estrellas de cuatro. (AP)

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