Bigelow visita las llamas aún ardientes de 1967 en “Detroit” 

Kathryn Bigelow no ha olvidado la increíble experiencia que fue ganar el Oscar a la mejor dirección por “The Hurt Locker” en 2008. En ese momento se convirtió en la primera mujer en alzarse con el premio, pero desde entonces ninguna otra ha sido nominada.

“La inequidad de género que existe en la industria, pensé que quizás sería el comienzo de que esa inequidad no fuera tan pronunciada”, dijo Bigelow en una entrevista reciente. “Tristemente ese no parece ser el caso. Y no sé por qué es así, simplemente no lo sé, pero de alguna manera siento que a nombre de todas las mujeres que ansían contar historias desafiantes, relevantes, con temas importantes y entretenidas, que yo estaba ahí para darles voz y eso me dio valor”.

La valentía no es una cualidad fugaz en Bigelow. Tras “The Hurt Locker” (titulada en Latinoamérica como “Vivir al límite” o “Zona de miedo”), ha seguido creando, junto al reportero convertido en guionista Mark Boal, un tipo de cine intrépido que combina la inmersión visceral de la gran pantalla con un profundo periodismo investigado. Su colaboración anterior, el thriller sobre la cacería de Osama bin Laden “Zero Dark Thirty” (“La noche más oscura”), demostró ser un punto crítico sin paralelos en Hollywood y Washington, lo que llevó a debates sobre su representación del papel que tuvo la tortura en la búsqueda del terrorista.

“Yo soy la mensajera, no inventé el mensaje”, dijo Bigelow. “Simplemente estoy comprometida a hacer estas piezas desafiantes. Y estoy comprometida con historias que son informativas, que te dicen algo que no sabías antes, que yo no sabía de entrada”.

Su más reciente película, “Detroit”, es un salto no menos desafiante al alma violenta de Estados Unidos, en esta ocasión presentada desde casa. El filme, también escrito por Boal, trata del incidente del Motel Algiers, un evento poco recordado que ocurrió en medio de los disturbios en Detroit en 1967: un levantamiento desatado por una redada de la policía en un club nocturno, y una reacción a una larga historia de opresión contra las personas de raza negra. Los disturbios, entre los mayores de la historia de Estados Unidos, dejaron 43 muertos y llevaron al despliegue de miles de guardias nacionales a una ciudad que ardía en llamas y furia.

“Detroit” busca mostrar el contexto histórico y la realidad individual de los disturbios, que muchos dicen deberían ser llamados “rebelión”. En medio del caos ocurrió el cruel suceso del Motel Algiers. Tres hombres negros desarmados murieron en un enfrentamiento con la policía y nueve más (siete de ellos negros) fueron golpeados y aterrorizados. Tres policías fueron acusados de homicidio y de otros delitos, pero no fueron declarados culpables.

Boal propuso a Bigelow hacer la película sobre el incidente poco después de que el jurado del condado de St. Louis decidiera no acusar al policía Darren Wilson, que mató a tiros al joven Michael Brown, lo que llevó a protestas en Ferguson, Missouri. La relevancia de la historia, dijo Bigelow, despertó su motivación para hacerla.

“Había algo triste y trágicamente contemporáneo en esta historia”, dijo Bigelow. “Cómo puede darse esta conversación de una manera que tenga sentido, eso fue lo que me pregunté. Simplemente estoy contando esta historia de la manera más auténtica, verdadera y honesta posible, dada la información disponible”.

Para Boal, la historia comenzó con Cleveland Larry Reed. Durante los disturbios, Reed (interpretado por Algee Smith en la película) era un cantante de 18 años en The Dramatics, una banda emergente de Motown cuyo concierto se canceló esa noche. Él y otro compañero del grupo se refugiaron en el Algiers, pero al hacerlo terminaron viviendo la pesadilla. Reed, quien se reunió con Boal y luego con Smith, nunca se recuperó del incidente; renunció a la música pop y se dedicó a cantar en coros de iglesia.

“En el verano de 2014 me sentí atraído por esta historia tras conocer a Larry Reed y escuchar su recuento de lo que había ocurrido hace 50 años, y luego, tras escuchar de otros sobrevivientes del Algiers”, escribió Boal en un correo electrónico. “Mi idea de la película estuvo motivada desde el principio por personas reales, al sentirme conmovido por los datos detallados de lo que vivieron”.

Smith, un actor de 22 años de Saginaw, Michigan, describió la cinta como un proyecto profundamente emotivo en el que el elenco solo tenía que “entrar a nuestras redes sociales para inspirarse”. “Estábamos haciendo una película sobre la historia pero se sentía como si fuera hoy”, dijo.

Smith y otros actores que interpretaron a las aterrorizadas víctimas no recibieron guiones durante gran parte de la producción en busca de reacciones de shock y horror más genuinas.

“Ella quería que no tuviéramos seguridad sobre el futuro en nuestra mente”, dijo Smith. “Acabábamos de llegar y el primer día fue un caos total. Fue como ‘pon las manos contra la pared’, gritos. Me sentí mareado de respirar tan profundo entre tomas. Cada día de esas primeras dos semanas fue agotador emocional y físicamente. Will Poulter (quien interpreta al líder de los policías) se quebró en el set; a la mitad de una escena simplemente se echó a llorar. Toda la producción se detuvo. Todos se detuvieron. Will salió y yo lo abracé y me puse a llorar también”.

Algunos dirían que “Detroit” es una historia que debió ser contada por cineastas negros. Bigelow, quien ha pasado toda su carrera ignorando o explotando los estereotipos de género, entiende este tipo de críticas.

“¿Soy la persona perfecta para contar esa historia? Definitivamente no”, dijo la directora. “Pero me sentí honrada de contar esta historia. Es una historia que ha estado fuera de circulación por 50 años. Y si puede impulsar una conversación sobre la raza en este país, me parecería extremadamente alentador e importante”.

Sus películas, dijo, buscan crear empatía y, con suerte, diálogo. Este año también codirigió una cinta de realidad virtual de ocho minutos sobre guardabosques en la República Democrática del Congo, “The Protectors: Walk in the Rangers’ Shoes”.

“El racismo institucionalizado está en el fondo de la pieza”, dijo Bigelow sobre “Detroit”. “Creo que el propósito del arte es agitar para el cambio. Pero uno no puede cambiar las cosas a menos que esté al tanto de ellas”. (AP)

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