Por Kathleen Kelly

El cine tiene el fabuloso don de sacar a flote lo que traemos en nuestro interior. Es por ello que siempre digo que es totalmente subjetivo.

Una película de dibujos animados para niños puede dejar una gran lección para los no tan niños.

Ese ha sido el caso de Cars 3, dirigida por Brian Fee, que movió fibras y dejó pequeñas lecciones, sobretodo cuando constantemente te cuestionas sobre el siguiente paso.

‘Cars 3’, la tercera parte de las aventuras del bólido rojo de Pixar, no solo mantiene la emoción propia de una competencia constante del legendario Rayo McQueen, sino también el buen humor.

A mi parecer deja mucho homenaje a las películas de Rocky 3 y 4, aunque mantiene su originalidad en el mensaje y el final.

El planteo de la nueva aventura de McQueen, es similar al de Rocky 3, cuando Balboa le teme al nuevo talento, Mr. T, y en el declive de sus días de gloria. En Cars 3 es Tormenta Jackson, o Jackson Storm, el nuevo corredor de última generación y tecnología de punta, que llega a la Copa Piston y deja atrás al Rayo McQueen.

Además de la derrota del campeón, parte del entrenamiento del Rayo McQueen transcurre en una playa, como cuando Sylvester Stallone (Rocky Balboa) y Carl Weathers (Apollo Creed) entrenaron velocidad y Balboa se enfrentaba a sus demonios en la arena antes de la final y definitiva pelea contra Mr. T (Clubberg Lang).

Pero también tiene mucho de Rocky 4. La nueva forma de entrenar, fuera del asfalto y la tierra, con simuladores, recuerda tanto a la nueva revelación de la Unión Soviética, Iván Drago (Dolph Lundgren), que su entrenamiento y monitoreo de rendimiento era a base de máquinas y computadoras, muy similar a la forma de preparación de Tormenta Jackson.

Mientras que McQueen se abre ventanas en la tierra, lodo, arena, como Balboa en las montañas y áspero clima de Rusia en fechas decembrinas.

‘Cars 3’ se encarga de contarnos una historia de constante lucha entre la nueva y la vieja escuela; entre el paso del tiempo que crispa, preocupa y angustia mucho, especialmente cuando resta facultades para dedicarse a un oficio y una pasión.

Para desempolvar el miedo y comprender el nuevo rumbo, Rayo necesitará la ayuda de Cruz Ramírez, una joven y entusiasta mecánica de carreras que tiene un plan para ganar, además de la inspiración del mítico Hudson Hornet y algunos giros inesperados.

Y sin presumir de feminista, deja al género femenino bien parado. Ya que destaca que una mujer no está imposibilitada a lograr sueños en un mundo dominado por los hombres, a sumar para el triunfo y a mostrar que sacando el miedo y canalizando el enojo en algo positivo se puede conseguir la bandera a cuadros.