Las salas de cines, tal y como nacieron junto con el invento del cinematógrafo de los hermanos Lumière, han desaparecido. Sin alfombra roja ni el glamour de los actores, los estrenos mundiales ahora se realizan, mediante una caja altamente segura, en los hogares de los espectadores cautivos que paguen por ello.

 

Por Eduardo Ortega

Este escenario, casi distópico, es el nuevo modelo de negocio que, con el nombre de The Screening Room, ha planteado Sean Parker, cofundador de Napster y Facebook, lo cual ha puesto de punta los nervios de la industria, porque la propuesta, en esencia, supone su transformación (por decir lo menos), ya que reduciría a cero el lapso entre la exhibición y el lanzamiento del DVD.

Junto con HBO y Amazon, Netflix, sin ir más lejos, representan ya una amenaza. Hace unos días, la Federación Nacional de los Cines Franceses criticó que el Festival de Cannes haya seleccionado dos películas producidas por esa plataforma para competir por la Palma de Oro: ‘Okja‘, de Bon Joon Ho, y ‘The Meyerowitz Stories‘, de Noah Baumbach, las cuales se estrenarán, este mismo año, en el ámbito global a través de Internet.

Esta crítica no es a la libertad de programación que tiene Cannes, ni tampoco a que diferentes actores financien nuevas obras cinematográficas, sino a que estas películas no serán estrenadas en las salas de cine, lo cual, incluso, podría, en este caso, ir en contra de las leyes francesas.

A ello se suma que mientras la industria y sus salas de cine buscan competir con la repetición al infinito de sus blockbuster, en sus sistemas 3D y 4D, en Netflix, sabedores de que el futuro está en los contenidos, se busca atraer clientes con contenidos originales de películas y series, estrategia que financia con deuda.

De la misma manera, el año pasado, Amazon estrenó en Cannes cinco películas: ‘Café Society‘, de Woody Allen; ‘The Neon Demon‘ de Nicolas Winding Refn; ‘The Handmaiden‘ de Park Chan-wook; así como ‘Paterson‘ y el documental ‘Gimme Danger‘, ambas de Jim Jarmusch. Quizá entonces no hubo tanta controversia porque, a diferencia de Netflix, Amazon ha optado por estrenar primero los filmes en las salas de cine, antes que en su plataforma online.

“Siempre quieres que tu película se vea en una gran pantalla, con sonido perfecto y la mejor proyección. Pero esa no es la realidad ya. La forma en que la gente consume los medios está cambiando”, declaró Sian Heder, directora de la película ‘Tallullah’ el año pasado a The New York Times, luego de que su película fue comprada por Netflix en el Festival de Sundance por cinco millones de dólares.

A contrapelo, el director y productor Steven Spielberg recientemente defendió la experiencia de ver las películas en las salas de cine, luego de que hace un año apoyó el proyecto The Screening Room:

“Como cineastas, creamos películas que invitan a los espectadores a adentrarse en otros mundos, aunque sea por un par de horas. En el mejor de los casos, la experiencia de acudir al cine y la calidad están al mismo nivel que la película que han ido a ver.”
Después de intensas negociaciones con los directivos de Netflix, los organizadores del Festival de Cannes decidieron que “la ausencia de estreno en salas en Francia” de ‘Okja’ y de ‘The Meyerowitz Stories’, de Noah Baumbach, a partir del 2018 todo filme que desee entrar en la competición tendrá que tener comprometida su distribución en salas francesas.
En esa misma sintonía, si las salas de cine, tal y como nacieron junto con el invento del cinematógrafo de los hermanos Lumière, desaparecen, con ellas se extinguirá la singular experiencia, como hasta hoy la conocemos, de vivir el cine en un teatro, pero, para quienes aman la diversidad de historias, muchas de ellas que no llegan a las pantallas grandes porque no son blockbuster y, sobre todo, la disponibilidad de gozar el séptimo arte a toda hora del día, podemos decir: “Adiós, señor cácaro. Bienvenido, señor streaming”.